Antes de que existieran los perfiles con fotos de portada, los «me gusta» o las solicitudes de amistad, Costa Rica ya había dado un paso audaz hacia la conexión digital. Mis Viejos Amigos fue la plataforma que, desde el 29 de agosto de 2001, permitió a miles de costarricenses reencontrarse con compañeros de escuela y colegio perdidos en el tiempo. Esta historia, poco conocida incluso dentro de las fronteras nacionales, representa un capítulo fundamental de la innovación tecnológica centroamericana. Hoy, cuando aplicaciones como ticoneXion, que esta disponible en la App Store y en la Play Store, continúan ese legado de soluciones digitales hechas por y para Costa Rica, vale la pena desenterrar los orígenes de aquella primera plaza pública digital que demostró que la creatividad tecnológica no tiene pasaporte exclusivo.
Lo que Esteban Mora Cyrman construyó en su momento fue mucho más que una página web: fue la primera manifestación exitosa de la identidad digital costarricense. Una herramienta que entendió algo que los gigantes tecnológicos del norte apenas comenzaban a intuir: que los seres humanos anhelan reconectarse con su pasado, y que la tecnología puede ser el puente hacia esos reencuentros.
¿Cómo Costa Rica se Conectó al Mundo?
Para comprender por qué una red social pudo nacer en Costa Rica antes que en la mayoría de países latinoamericanos, es necesario remontarse a las décadas previas y entender el ecosistema tecnológico que lo hizo posible. A diferencia de otras naciones donde el desarrollo digital fue impulsado principalmente por el capital privado, la internet costarricense nació de la visión académica y la voluntad estatal.
Los Primeros Intentos y la Conexión Académica
La prehistoria de la conectividad nacional se remonta a un intento visionario pero frustrado entre 1974 y 1981. Durante la rectoría del Dr. Claudio Gutiérrez Carranza en la Universidad de Costa Rica, surgió la idea audaz de conectar la institución con ARPANET, la red precursora del internet moderno desarrollada por el Departamento de Defensa estadounidense. Los contactos con la Universidad de Stanford estaban establecidos, pero dos barreras insalvables detuvieron el proyecto: el costo astronómico de la tecnología y la falta de comprensión por parte de las autoridades universitarias, que veían en estas redes una curiosidad científica sin aplicación práctica inmediata.
No fue sino hasta 1990 cuando la UCR logró establecer una conexión estable con Bitnet, una red cooperativa universitaria que, aunque primitiva bajo estándares actuales, permitía el intercambio de correos y archivos mediante un mecanismo de almacenamiento y envío. Guy de Téramond Peralta, frecuentemente citado como el «padre de Internet» en el país, describe esta era como un preludio necesario pero limitado, donde la interactividad en tiempo real era apenas un sueño lejano. Sin embargo, aquella conexión resultó fundamental para crear una masa crítica de ingenieros, científicos y estudiantes familiarizados con la comunicación digital.
El Grito Fundacional es aun hoy recordado «¡Un Paquete, Un Paquete!»
La transición hacia la internet completa, basada en el protocolo TCP/IP, está cargada de dramatismo histórico. Hacia 1992, la UCR, en colaboración con el Consejo Superior Universitario Centroamericano a través del proyecto HURACÁN, había preparado el terreno técnico para la conexión satelital. Sin embargo, la naturaleza intervino de manera inesperada. El huracán Andrew, que devastó Florida y la costa estadounidense en agosto de ese año, dañó severamente las antenas satelitales receptoras en Homestead que servirían de enlace para Costa Rica.
Este retraso forzoso pospuso la conexión hasta el 26 de enero de 1993. Ese día, en los laboratorios de la UCR, se escuchó el grito fundacional de la era digital costarricense cuando el equipo técnico logró recibir el primer paquete de datos IP. Costa Rica se convertía así en el quinto país de Latinoamérica en conectarse a Internet, uniéndose a un club exclusivo de pioneros regionales.
Resulta interesante reflexionar sobre cómo la certeza de la información ha evolucionado desde entonces. En aquellos días, confirmar si un mensaje había llegado a su destino era casi un acto de fe. Hoy, soluciones de mensajería como ticoneXion ofrecen la tranquilidad del doble check de confirmación, algo que los pioneros de 1993 habrían considerado ciencia ficción.
La Llegada de Internet a los Hogares
El salto de la academia a la sociedad civil ocurrió en 1994, cuando Radiográfica Costarricense inauguró el servicio comercial de Internet. Esto marcó el inicio de la era del dial-up, aquella conexión telefónica que obligaba a desconectar la línea fija cada vez que se deseaba navegar. Es crucial visualizar el entorno técnico que enfrentaría un usuario de Mis Viejos Amigos en su lanzamiento en 2001: módems de 56 kbps como máximo, acceso cobrado por minuto u hora (lo que incentivaba sesiones de uso intensas y enfocadas), y un backbone nacional que dependía de enlaces satelitales con una capacidad de ancho de banda que hoy parecería infinitesimal.
A pesar de estas limitaciones, Costa Rica se posicionó rápidamente como líder regional. Para 1995, el país ostentaba uno de los tres índices más altos de conectividad per cápita en América Latina, junto con Chile y Argentina. Este dato resulta vital para entender por qué una red social pudo nacer y crecer viralmente aquí y no en otros países vecinos: existía una clase media digital lo suficientemente grande para sostener una comunidad en línea.
Esteban Mora Cyrman: El Visionario Detrás de la Pantalla
Toda innovación disruptiva tiene un rostro humano, y en el caso de la primera red social costarricense, ese rostro pertenece a Esteban Mora Cyrman. Ingeniero en sistemas de profesión, Mora encarna el arquetipo del emprendedor tecnológico de la era Web 1.0: un individuo con capacidad técnica completa que identifica una necesidad personal y construye una solución escalable desde cero.
Un Perfil Multifacético
Los registros disponibles pintan a Mora Cyrman como una persona integrada profundamente en la cultura costarricense. Además de su perfil tecnológico, aparece en registros de La Ruta de los Conquistadores, una de las competencias de ciclismo de montaña más exigentes del mundo que atraviesa Costa Rica de costa a costa. Este detalle, aparentemente trivial, sugiere una personalidad resiliente y orientada a objetivos a largo plazo, cualidades indispensables para mantener un sitio web de alto tráfico con recursos limitados en el 2001.
En entrevistas retrospectivas, Mora ha mantenido una postura humilde pero consciente del valor histórico de su creación. Su motivación no era la fama ni la fortuna (el modelo de startup unicornio aún no existía en la psique colectiva), sino una utilidad pragmática y profundamente emocional. En sus propias palabras:
«El objetivo era simple: ponerme en contacto con ex compañeros de escuela y colegio en Costa Rica. Y lo hacía de una forma muy fácil. Cada persona se registraba en una escuela o colegio y se agrupaba dentro de una generación»
Esta declaración revela la esencia del diseño de producto que hizo exitosa a la plataforma: simplicidad y relevancia. Mora entendió que la unidad básica de la identidad social costarricense no era el «interés» genérico (música, pasatiempos) como en los foros de la época, sino la «cohorte», es decir, la generación del colegio.
El Momento del Lanzamiento
El lanzamiento oficial ocurrió el 29 de agosto de 2001, apenas dos semanas antes de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York. En un mundo que estaba a punto de volverse más paranoico y cerrado, donde las comunicaciones físicas se verían interrumpidas, las herramientas digitales de conexión cobraron una relevancia existencial renovada.
Además, el lanzamiento se produjo en un vacío de mercado. Aunque Classmates.com existía en Estados Unidos desde 1995, su modelo de pago para contactar usuarios y su enfoque exclusivamente anglocéntrico lo hacían irrelevante para el público latinoamericano. No existía una herramienta «tropicalizada» que entendiera la estructura del sistema educativo de la región, con sus diferencias entre Primaria y Secundaria, entre Liceos y Colegios Técnicos. Mora Cyrman llenó ese vacío con precisión quirúrgica.
Anatomía de una Plataforma Pionera
Mis Viejos Amigos no era una red social en el sentido moderno de un feed infinito de contenido. Era, funcionalmente, un motor de reencuentro. Su arquitectura de información estaba diseñada con un objetivo claro: reducir la fricción en la búsqueda de personas perdidas en el tiempo.
La Experiencia del Usuario en 2001
La experiencia comenzaba con una taxonomía geográfica e institucional. El usuario iniciaba seleccionando un país (inicialmente Costa Rica, aunque la base de datos escaló rápidamente para incluir Argentina, Colombia, España y Guatemala). Este detalle indica que Mora diseñó la base de datos con escalabilidad internacional en mente desde el principio, o la adaptó rápidamente ante la demanda inesperada.
El segundo paso era el filtro institucional: el usuario ingresaba el nombre de su escuela o colegio. El sistema consultaba una base de datos preexistente, pero si la institución no existía, permitía su creación dinámica. Se trataba de crowdsourcing de datos antes de que el término siquiera existiera en el vocabulario tecnológico.
La característica definitoria, sin embargo, era la cohorte temporal. El usuario se anclaba a un año específico, creando así micro-comunidades de alta confianza. No era cuestión de unirse a «El Colegio San Luis Gonzaga» en general, sino a la «Generación 1994» de ese colegio. Esta segmentación temporal resultó ser el elemento diferenciador que generaba valor inmediato para los usuarios.
Finalmente, al encontrar un nombre conocido, se completaba un formulario con datos personales y correo electrónico. La plataforma actuaba como un puente seguro, revelando el contacto solo cuando existía una intención clara de reconexión.
Una Innovación Silenciosa en Privacidad
En 2001, la privacidad digital era un concepto nebuloso para la mayoría de los usuarios. Sin embargo, Mis Viejos Amigos operaba bajo un modelo de confianza implícita que, visto en retrospectiva, resultaba notablemente sensato. Los usuarios entregaban voluntariamente sus correos electrónicos reales, y la plataforma se convirtió en un repositorio valioso de la demografía educada del país.
El sitio también introdujo funciones rudimentarias de «noticias personales». Los usuarios podían actualizar su estado de vida (casado, con hijos, empleo actual), lo que permitía a los viejos amigos ponerse al día rápidamente sin necesidad de largas explicaciones. Era una versión primitiva de lo que hoy conocemos como perfil de usuario, pero cumplía su función con elegancia minimalista.
Esta filosofía de diseño centrado en la utilidad práctica recuerda el enfoque que caracteriza a las soluciones tecnológicas locales actuales. Cuando ticoneXion desarrolla funcionalidades para el mercado costarricense, parte de esa misma premisa: entender las necesidades específicas de la población y diseñar herramientas que las resuelvan sin complejidades innecesarias.
El Fenómeno del Crecimiento: Una Viralidad Orgánica
El crecimiento de Mis Viejos Amigos desafía las métricas convencionales de adquisición de usuarios de la época, especialmente considerando la ausencia total de presupuestos de marketing masivos. Los números hablan por sí solos: cinco mil usuarios registrados en el primer mes, y ochenta mil al cumplir el primer año de operación.
Poniendo las Cifras en Perspectiva
Para dimensionar estos números correctamente, es necesario considerar el contexto. En 2001, la población total de Costa Rica rondaba los cuatro millones de habitantes. La penetración de internet era baja y se concentraba principalmente en el Valle Central. Lograr ochenta mil registros implicaba capturar una porción sustancial de toda la población conectada del país. Era un nivel de saturación de mercado que hoy envidiarían aplicaciones globales con presupuestos millonarios.
Los Mecanismos de Propagación
La investigación sugiere varios mecanismos orgánicos que impulsaron este crecimiento exponencial. El primero y más poderoso fue el boca a boca digital a través del correo electrónico. Las cadenas de correos, aquellos mensajes que pedían ser reenviados a diez amigos, eran la red social de facto de la época. Un usuario encontraba a un amigo perdido, y ese amigo invitaba a otros tres de la misma generación para completar el grupo. El efecto multiplicador era automático.
El segundo factor fue la densidad característica de la red social costarricense. Costa Rica es, sociológicamente hablando, una red de alta densidad donde «todo el mundo conoce a todo el mundo». La teoría de los seis grados de separación se reduce a menudo a dos o tres grados en la sociedad tica. Esto aceleró enormemente el efecto de red: la probabilidad de encontrar a alguien conocido al entrar al sitio era altísima, lo que generaba una recompensa inmediata y reforzaba el uso continuo.
Finalmente, la cobertura de medios tradicionales validó el proyecto. La novedad de una red social «tica» atrajo la atención de periódicos y noticieros de televisión, empujando a los usuarios menos tecnológicos a probar la plataforma. Era la época en que los medios tradicionales aún tenían el poder de consagrar tendencias digitales.
Este patrón de adopción recuerda cómo las soluciones tecnológicas locales logran penetración de mercado cuando resuelven necesidades genuinas. Así como Mis Viejos Amigos se propagó porque cada usuario encontraba valor real en la plataforma, aplicaciones como ticoneXion ganan tracción cuando ofrecen funcionalidades que realmente importan a los costarricenses, como la certeza de que un mensaje fue entregado y leído, o la tranquilidad de contar con soporte local cuando surge algún problema.
La Expansión Internacional Inesperada
Uno de los hallazgos más sorprendentes de esta investigación es la penetración del sitio en mercados extranjeros. El diario argentino Clarín reportaba sobre Mis Viejos Amigos como una herramienta útil para encontrar exalumnos en Costa Rica.
El reporte mencionaba específicamente: «El sitio es originario de Costa Rica. Allí, según sus dueños aseguran, se puede contactar a compañeros, profesores de escuela que se hayan perdido de vista hace años». Esto indica que la necesidad de reconexión nostálgica era universal en el mundo hispano, y que la solución costarricense resultaba técnicamente superior o más accesible que las alternativas locales de aquellos países.
Mientras sitios españoles como QueHayDeNuevo se limitaban exclusivamente a escuelas de España, la plataforma tica era agnóstica geográficamente, permitiendo que cualquier usuario de habla hispana encontrara su institución educativa. Esta visión expansiva, nacida de la necesidad práctica de un ingeniero que quería conectar con sus propios amigos, terminó siendo una ventaja competitiva decisiva.
La Psicología del Reencuentro: ¿Por Qué Buscamos a los Viejos Amigos?
Más allá del código y los servidores, el éxito de la plataforma se explica por factores psicológicos profundos que trascienden la tecnología. La literatura académica y los testimonios de usuarios ofrecen pistas valiosas sobre esta pulsión humana universal.
La Nostalgia como Refugio Emocional
En un mundo en rápida transformación (el cambio de milenio, las crisis económicas globales, la digitalización acelerada), el pasado escolar representa un refugio de identidad segura. Los años formativos en la escuela y el colegio constituyen un período donde las relaciones eran más simples, donde la identidad estaba menos fragmentada por las exigencias de la vida adulta.
Un testimonio recuperado de la época resulta particularmente revelador:
«Creo que sin internet, habría mirado hacia atrás a mis viejos amigos de la escuela en mi mente y me habría preguntado por ellos. Pero esos recuerdos de alguna manera han cambiado. Ahora sé que no los conozco»
Mis Viejos Amigos ofrecía la promesa de resolver esa incertidumbre. Convertía la memoria difusa en un dato de contacto concreto, en una posibilidad real de reconexión.
Sin embargo, como señalan otros testimonios, el reencuentro a veces chocaba con la realidad de personas que habían cambiado, que habían tomado caminos divergentes.
«Algunas personas a las que amaba como amigos de niño, me siento raro tenerlas en mi corazón todavía. Tienen un lugar ahí, pero ahora has sido rechazado»
La plataforma facilitaba el contacto, pero no podía garantizar que la química perdida se mantuviera intacta.
La Búsqueda de la Tribu Perdida
La frase «mis viejos amigos» resuena con una intensidad particular porque evoca una época de intimidad física que la vida adulta moderna rara vez replica. Durante los años escolares, se convivía codo a codo con los compañeros, se compartían espacios reducidos durante horas cada día, se forjaban vínculos en medio de la vulnerabilidad propia de la juventud.
La red social de Mora Cyrman fue un intento tecnológico de recuperar esa proximidad perdida. No prometía recrear la intensidad de aquellas relaciones, pero sí ofrecía la posibilidad de saber qué había sido de aquellas personas que en algún momento fueron fundamentales en la formación de la identidad personal.
Esta necesidad de conexión con raíces compartidas no ha desaparecido; simplemente ha encontrado nuevos canales. Cuando una plataforma como ticoneXion ofrece la posibilidad de mantener conversaciones continuas, está respondiendo a esa misma necesidad ancestral de tribu que Mora Cyrman identificó hace más de dos décadas.
El Declive: Cuando el Directorio No Bastó
A pesar de su éxito inicial, Mis Viejos Amigos no logró transicionar a la era de la Web 2.0 hegemónica. El análisis de su declive resulta tan instructivo como el de su ascenso, y ofrece lecciones valiosas sobre la evolución de las necesidades digitales.
Las Limitaciones del Modelo de Directorio
El fundador identificó con lucidez el problema central en retrospectiva:
«Curiosamente, las redes sociales han migrado hacia redes de contenido, lo que eventualmente puede abrirle espacio de nuevo a sitios como Mis Viejos Amigos»
El cambio paradigmático llegó cuando las plataformas globales introdujeron el concepto del muro o feed de noticias. Esto transformó completamente la dinámica de uso: ya no se entraba a una red para buscar a alguien (una acción puntual con un objetivo definido), sino para ver qué hacían los contactos (una acción continua y potencialmente infinita).
Mis Viejos Amigos era esencialmente un directorio sofisticado. Una vez que el usuario encontraba a su amigo y anotaba su correo electrónico, la utilidad inmediata del sitio desaparecía. No había razón para volver diariamente porque no había contenido nuevo que consumir. La plataforma carecía del bucle de retención que define a las redes modernas, donde cada visita revela algo nuevo y genera la expectativa de regresar.
La Carrera Armamentista de la Infraestructura
A medida que la infraestructura de internet en Costa Rica mejoraba con la llegada gradual del ADSL y proyectos de modernización, los usuarios comenzaron a demandar experiencias más ricas: fotos de alta resolución, videos, chats en tiempo real. Nuevas plataformas llenaron estos nichos, capturando a la demografía más joven que no sentía tanta nostalgia por el pasado, sino urgencia por documentar el presente.
Mora Cyrman reconoció la imposibilidad de competir financieramente en esta nueva era:
«¿Qué puedo dar yo que ya no den las grandes redes sociales? Competir con ellas es prácticamente imposible»
Sin capital de riesgo multimillonario para servidores y desarrollo continuo, la innovación de garaje alcanzó su techo técnico.
Esta realidad plantea una reflexión pertinente sobre la dependencia tecnológica. Cuando las soluciones globales dominan el mercado, ¿qué sucede con las necesidades específicas de comunidades más pequeñas? Es precisamente en ese espacio donde las alternativas locales encuentran su razón de ser. Una aplicación desarrollada en Costa Rica, pensada para costarricenses, puede responder con agilidad a situaciones que para una corporación multinacional resultan irrelevantes o incomprensibles.
El Legado de un Museo Digital
Para 2016, el sitio seguía técnicamente activo pero con tráfico residual. Mora lo describió de manera poética como «una pieza del inexistente museo de la historia del Internet en Costa Rica». Esta frase resulta poderosa porque reconoce una carencia real: la falta de preservación histórica digital en la región.
Mientras los edificios coloniales y los sitios arqueológicos reciben protección patrimonial, las primeras plazas públicas digitales se borran cuando se apaga el servidor. No existe un archivo nacional de las primeras páginas web costarricenses, de los primeros foros de discusión, de las primeras comunidades virtuales que se formaron en el país. Mis Viejos Amigos representa un capítulo de esa historia que merece ser recordado y documentado.
Soberanía Tecnológica: De Mis Viejos Amigos a las Soluciones Actuales
La historia de Mis Viejos Amigos ofrece lecciones que trascienden la nostalgia y conectan directamente con los debates actuales sobre dependencia tecnológica y desarrollo de capacidades locales.
El Valor de las Soluciones Locales
Costa Rica demostró, a través de Esteban Mora y el ecosistema que lo hizo posible, que tenía el capital humano para innovar en la capa de aplicación de Internet, no solo en la de consumo pasivo. La creación de una red social funcional y masiva en 2001 fue un logro de ingeniería y visión de producto comparable con cualquier desarrollo contemporáneo de Silicon Valley.
Esta capacidad no ha desaparecido; simplemente busca nuevas expresiones. Cuando proyectos como ticoneXion plantean alternativas de mensajería desarrolladas localmente, están continuando una tradición que Mora Cyrman inauguró hace más de dos décadas. La pregunta de fondo sigue siendo relevante: ¿debe un país depender exclusivamente de soluciones extranjeras para sus necesidades de comunicación digital, o existe valor en desarrollar y mantener capacidades propias?
La Validación de una Demanda Real
Los ochenta mil usuarios del primer año probaron algo fundamental: que la llamada «brecha digital» en Latinoamérica era principalmente una brecha de acceso (hardware, conectividad, costos), no de interés o capacidad cognitiva. En cuanto se les dio una herramienta culturalmente relevante, los costarricenses la adoptaron masivamente y con entusiasmo.
Este patrón se repite cuando las soluciones tecnológicas responden a necesidades genuinas de la población. No se trata de replicar lo que ya existe en otros mercados, sino de identificar vacíos específicos y llenarlos con diseño inteligente. Mora lo hizo al entender que la identidad educativa (colegio y generación) es uno de los anclajes sociales más fuertes en la cultura hispana, un insight que incluso redes modernas explotan hoy en día.
¿Qué Sucede Cuando el Servicio se Cae?
Una de las vulnerabilidades más evidentes de depender exclusivamente de plataformas extranjeras es la impotencia ante las fallas. Cuando un servicio global experimenta problemas técnicos, millones de usuarios quedan incomunicados sin ninguna alternativa y sin nadie local a quien acudir. Las líneas de soporte están en otros países, los comunicados oficiales llegan en idiomas extranjeros, y la resolución del problema depende de decisiones tomadas a miles de kilómetros de distancia.
Las soluciones locales como ticoneXion ofrecen una ventaja diferente: la cercanía. Cuando existe un equipo en el mismo país, en la misma zona horaria, hablando el mismo idioma y entendiendo el contexto cultural, la respuesta ante cualquier eventualidad puede ser más rápida y más adaptada a las necesidades específicas de los usuarios.
Reflexiones sobre el Futuro de la Conexión Digital en Costa Rica
Más de dos décadas después del lanzamiento de Mis Viejos Amigos, el panorama tecnológico costarricense ha cambiado radicalmente en algunos aspectos y permanece constante en otros. La infraestructura ha mejorado de manera notable: la fibra óptica llega a zonas que en 2001 apenas tenían línea telefónica, los smartphones han democratizado el acceso a internet, y la velocidad de conexión permite experiencias que habrían parecido magia para los usuarios de dial-up.
Las Necesidades Humanas Permanecen
Sin embargo, las necesidades humanas fundamentales que Mora Cyrman identificó siguen vigentes. Las personas continúan buscando reconectarse con su pasado, mantener vínculos con sus comunidades de origen, y encontrar espacios de pertenencia en un mundo cada vez más fragmentado. Las herramientas cambian, pero la pulsión de conexión permanece constante.
Es en este contexto donde las soluciones tecnológicas locales encuentran su espacio natural. No se trata de competir frontalmente con gigantes globales en su propio terreno, sino de identificar nichos específicos donde la cercanía cultural y la comprensión del contexto local marquen la diferencia. Mis Viejos Amigos lo hizo al entender la importancia de las generaciones escolares en la identidad costarricense; las soluciones actuales pueden hacerlo identificando otras necesidades específicas de comunicación y conexión.
El Legado como Inspiración
Mis Viejos Amigos fue más que una página web: fue el primer espejo digital en el que la sociedad costarricense se miró a sí misma y se reconoció. Fue el puente entre la era del paquete de datos académico de 1993 y la era de la hiperconexión social actual. Aunque hoy funcione principalmente como archivo histórico, su código genético (la necesidad de conectar, de pertenecer y de recordar) vive en cada interacción digital que se realiza.
Para las nuevas generaciones de desarrolladores y emprendedores tecnológicos costarricenses, esta historia debería servir como recordatorio de que la innovación no requiere permiso de las grandes capitales tecnológicas. Un ingeniero en San José, con visión clara y comprensión profunda de su comunidad, puede crear soluciones que conecten a decenas de miles de personas. El desafío está en identificar las necesidades genuinas y diseñar respuestas que las satisfagan con elegancia y simplicidad.
La historia de Mis Viejos Amigos nos recuerda que Costa Rica tiene la capacidad de crear sus propias herramientas digitales, adaptadas a su cultura y sus necesidades específicas. Ese legado de soberanía tecnológica, iniciado por pioneros como Esteban Mora Cyrman, continúa vigente en cada proyecto que apuesta por soluciones hechas por y para costarricenses. La conexión digital del futuro se construye sobre los cimientos que aquellos visionarios establecieron, y corresponde a las nuevas generaciones honrar ese legado mientras escriben los próximos capítulos de la historia tecnológica nacional.