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Riteve (RTV) fue más que la Revisión Técnica Vehicular en Costa Rica

enero 13, 2026 25 min de lectura admin

La RTV o Revisión Técnica Vehicular no es solo un trámite. Es el espejo de cómo Costa Rica ha evolucionado en las últimas décadas. Así como pasamos de enviar mensajes de texto a comunicarnos instantáneamente en ticoneXion —la app de mensajería de los costarricenses, disponible para Android e iOS—, también transformamos la manera en que cuidamos nuestros vehículos.

Esta es la historia de ese cambio. Una historia de caos, orden, conflictos y reinvención que abarca más de medio siglo.

El País de los Carros sin Control: Antes de que Todo Cambiara

Cuando la Revisión Era Solo un Papel

Imagine Costa Rica en los años ochenta. Los teléfonos eran de disco y había que esperar turno para usarlos. Si alguien quería comunicarse con una persona en otra provincia, mandaba una carta y esperaba días —a veces semanas— por la respuesta. No existía forma de saber si el mensaje había llegado.

Revisar un carro funcionaba con la misma lógica: un proceso lento, incierto y básicamente inútil.

El Ministerio de Obras Públicas y Transportes tenía un único centro de revisión en San José. Uno solo para todo el país. Y ni siquiera revisaba todos los vehículos: solo buses, taxis y carros con más de quince años de antigüedad pasaban por ahí.

Inspecciones que no Inspeccionaban Nada

¿Cómo era una «revisión» en aquella época? Un funcionario miraba el carro, tal vez le daba una vuelta, revisaba los papeles y listo. Sin frenómetros. Sin analizadores de gases. Sin tecnología de ningún tipo. Solo ojos, intuición y, siendo honestos, a veces un billete discreto que aceleraba el trámite.

Era como intentar diagnosticar una enfermedad por teléfono, sin ver al paciente, sin exámenes, solo con lo que alguien contaba. Así de precario.

No existían equipos de diagnóstico automotriz. El personal, aunque voluntarioso, carecía de capacitación especializada para evaluar los sistemas de inyección y control de emisiones que los vehículos comenzaban a incorporar.

Los costarricenses aprendimos a ver la revisión vehicular como un obstáculo burocrático, no como algo que realmente protegía nuestras vidas. Se generó lo que los expertos llamaron una «cultura de impunidad mecánica»: la revisión era un trámite salvable mediante influencias, no un garante de seguridad.

El Experimento del Ecomarchamo: Buenas Intenciones, Pésimos Resultados

La Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992 cambió las reglas del juego ambiental para el mundo entero. Costa Rica, fiel a su imagen verde, asumió compromisos internacionales sobre reducción de emisiones contaminantes. Había que hacer algo.

Así nació el programa de control de emisiones conocido como Ecomarchamo, que inició operaciones en junio de 1996.

La Promesa de la Descentralización

La idea sonaba revolucionaria: descentralizar. En lugar de un centro estatal colapsado, 84 talleres mecánicos privados quedaron autorizados para realizar las pruebas de emisiones y otorgar el certificado de aprobación —la famosa calcomanía o «sticker».

Fue como cuando aparecieron los primeros «beepers» o localizadores: de pronto había más opciones, más puntos de contacto, la promesa de que todo sería más fácil y accesible. Pero igual que aquellos aparatos que solo recibían mensajes sin poder responder, el Ecomarchamo tenía limitaciones fundamentales que nadie anticipó.

Durante los primeros meses, el sistema operó de manera voluntaria, facilitando reparaciones preventivas en una flota piloto de autobuses antes de masificarse. Los talleres contaban con analizadores de gases y opacímetros. Más puntos de servicio, menos filas, más eficiencia. Esa era la teoría.

Pero el diseño tenía un error fatal que cualquier economista habría detectado en cinco minutos.

El Problema del Juez y la Parte

El reglamento de 1994 permitía que el mismo taller que diagnosticaba la falla fuera el que realizara la reparación y vendiera los repuestos necesarios. ¿Qué incentivo tenía para aprobar de una vez?

Algunos talleres reprobaban carros perfectamente buenos para facturar trabajos innecesarios. Otros, más creativos, vendían stickers de aprobación por debajo de la mesa sin siquiera encender el analizador de gases.

La Comisión Interinstitucional de Control de Emisiones no podía fiscalizar 84 talleres simultáneamente. La dispersión de responsabilidad en tantos puntos de servicio hacía imposible auditar en tiempo real a decenas de operadores privados.

El humo negro seguía saliendo de los escapes. Las denuncias se acumulaban. La credibilidad del sistema se erosionó rápidamente. El Ecomarchamo había fracasado, y la persistencia de altos niveles de contaminación visible en las carreteras lo demostraba.

Riteve: El Gigante que Ordenó el Caos

Una Apuesta Arriesgada: Un Solo Operador para Todo el País

Ante el colapso del Ecomarchamo y la necesidad de integrar la revisión de seguridad mecánica con el control de emisiones en un solo proceso —la Inspección Técnica Vehicular o IVE—, el gobierno tomó una decisión radical a finales de los noventa.

Si la descentralización había fallado por falta de control, la solución era lo opuesto: centralizar todo en una sola empresa.

Pero no cualquier empresa. El cartel de la Licitación Pública 02-98 exigía algo que pocos podían ofrecer:

  • Capacidad financiera robusta para realizar una inversión intensiva en infraestructura
  • Experiencia internacional comprobada en inspección vehicular
  • Cero vínculos con talleres mecánicos o venta de repuestos

Este último requisito era crucial. La única vía para garantizar objetividad técnica y eliminar la corrupción era separar completamente al inspector del reparador.

La Adjudicación Histórica

El 11 de febrero de 1999, el Consorcio Riteve SyC ganó la adjudicación. La entidad combinaba capitales costarricenses con socios tecnológicos españoles que posteriormente se consolidarían bajo la estructura de Applus+.

El modelo monopólico —una sola empresa para todo el país— fue justificado bajo la premisa de economía de escala y facilidad de fiscalización. A diferencia del modelo de talleres donde prevalecía la capilaridad, el nuevo modelo priorizaba el control y la estandarización tecnológica.

Los dueños de talleres protestaron: perdían el negocio del Ecomarchamo. Sectores sociales desconfiaban de privatizar un servicio público. Pero la alternativa —seguir con el desastre descentralizado— ya no era viable para los objetivos de desarrollo del país.

Riteve SyC arrancó operaciones oficialmente el 15 de julio de 2002. Comenzaba la era moderna de la inspección vehicular en Costa Rica.

La Revolución de las Líneas Automatizadas

Lo que Riteve construyó durante las siguientes dos décadas cambió para siempre la relación de los ticos con sus vehículos.

Una Red Nacional Construida desde Cero

El contrato de concesión obligaba a Riteve a diseñar, financiar, construir y equipar una red nacional de estaciones de inspección. La empresa cumplió con este mandato mediante el despliegue de una infraestructura sin precedentes en el país:

  • Estaciones fijas en el Gran Área Metropolitana: Cinco instalaciones ubicadas estratégicamente en el Norte, Sur, Este y Oeste del Valle Central. La estación de Alajuelita llegó a contar con hasta seis líneas de inspección, incluyendo líneas universales para vehículos pesados.
  • Estaciones fijas en zonas rurales: Ocho instalaciones distribuidas en cabeceras de provincia y zonas clave como San Carlos, Pérez Zeledón, Limón y Liberia. Generalmente equipadas con una o dos líneas de inspección.
  • Unidades móviles: Cuatro unidades desplazables que llevaban el servicio hasta zonas remotas como Los Chiles, Coto Brus y Talamanca, garantizando cobertura nacional.

Por primera vez, un agricultor en Guatuso o un pescador en Golfito podían revisar su vehículo sin viajar hasta San José. Era el equivalente a cuando los celulares llegaron a zonas rurales: de pronto, la distancia dejó de ser una barrera.

El Fin de la Subjetividad: Tecnología que No Miente

Pero lo verdaderamente revolucionario no fueron los edificios. Fue lo que había adentro:

  • Regloscopios para verificación precisa de luces y faros.
  • Frenómetros que medían la capacidad de frenado con precisión milimétrica.
  • Bancos de suspensión para evaluar el estado de amortiguadores y componentes.
  • Detectores de holguras que identificaban desgastes peligrosos en la dirección y suspensión.
  • Analizadores de gases de cuatro y cinco componentes que detectaban contaminantes invisibles al ojo humano.
  • Opacímetros especializados para medir las emisiones de vehículos diésel.

El concepto de «línea de inspección automatizada» introdujo un cambio de paradigma. El vehículo entraba a una secuencia de pruebas donde los sensores capturaban datos que viajaban instantáneamente a un servidor central. El inspector humano seguía presente, pero su opinión personal importaba menos que los números en la pantalla.

Es útil pensarlo así: antes, uno preguntaba «¿llegó mi mensaje?» y nadie sabía con certeza. Hoy, en ticoneXion, se ve el doble check de confirmación. No hay ambigüedad. Lo mismo pasó con la revisión vehicular: los sensores no mienten, no negocian, no aceptan excusas. Los datos son los datos.

Este sistema permitió la centralización de información en el Consejo de Seguridad Vial, proporcionando por primera vez estadísticas fiables sobre el estado real del parque automotor costarricense.

Era como pasar de diagnosticar enfermedades «a ojo» a usar resonancias magnéticas y análisis de laboratorio.

Estándares Internacionales en Suelo Tico

Riteve implementó sistemas de gestión de calidad bajo normas ISO, elevando el estándar técnico muy por encima de lo que el MOPT podía ofrecer décadas atrás. Costa Rica pasó de tener uno de los sistemas de inspección más precarios de la región a contar con tecnología comparable a la de países europeos.

Los Números que Demuestran la Transformación

Los datos históricos revelan una transformación medible en la calidad de los vehículos costarricenses. Fue una curva de aprendizaje y adaptación que tomó años, pero los resultados fueron innegables.

El Diagnóstico Inicial: Peor de lo que Pensábamos

En 2003, primer año completo de operación de la RTV, el índice de rechazo por emisiones contaminantes alcanzó un alarmante 40%. Cuatro de cada diez vehículos circulaban violando las normas ambientales.

El dato era preocupante, pero también revelador: por primera vez en la historia del país, se sabía exactamente cuán mal estaba la flota vehicular. Ya no eran suposiciones ni estimaciones. Eran números concretos, medidos con tecnología calibrada.

Es como cuando se empezó a usar mensajería instantánea y de pronto se supo exactamente cuándo la otra persona leyó el mensaje. Antes se vivía en la incertidumbre; después, hubo información real.

La Mejora Progresiva

Para 2007, mediante la aplicación rigurosa de las pruebas y la obligación de reparar antes de obtener el marchamo, el índice de rechazo por emisiones bajó al 24%. Los costarricenses descubrimos algo que parece obvio pero que habíamos ignorado durante décadas: darle mantenimiento preventivo al carro es más barato que esperar a que se descomponga.

Los propietarios aprendieron a anticiparse. Mecánicos que antes solo veían clientes cuando algo fallaba comenzaron a recibir visitas preventivas. Toda una cultura de cuidado vehicular empezó a germinar.

El Manual que se Convirtió en Ley

El Manual de Revisión Técnica Vehicular (MRTV) se convirtió en el documento rector de la normativa mecánica del país. No era un simple folleto: era la biblia que definía qué estaba permitido y qué no en las carreteras costarricenses.

Evolución Constante

Igual que las aplicaciones que usamos todos los días reciben actualizaciones para mejorar funciones y corregir errores, el Manual de Revisión Técnica evolucionó constantemente:

  • La revisión de 2004 incorporó los primeros ajustes basados en la experiencia operativa real.
  • La revisión de 2009 actualizó criterios para vehículos más modernos y sistemas electrónicos avanzados.

Nuevas Exigencias Técnicas

Entre los cambios más significativos estuvo la obligatoriedad del convertidor catalítico de tres vías y el sensor de oxígeno para vehículos fabricados a partir de 1995. Lo que antes era opcional o desconocido para muchos conductores se convirtió en requisito indispensable.

Estas exigencias no eran caprichos burocráticos. Respondían a estándares internacionales de control de emisiones que Costa Rica había adoptado en sus compromisos ambientales.

El Conflicto Silencioso: Cuando la Política se Mete con las Tarifas

Veinte Años de Tensión

A pesar de los logros técnicos innegables, la concesión de Riteve estuvo marcada por una tensión constante que eventualmente definiría su destino.

El contrato original establecía mecanismos de ajuste tarifario anuales para compensar la inflación y los costos operativos. Era un esquema estándar en concesiones de largo plazo: los costos suben con el tiempo, las tarifas deben ajustarse proporcionalmente para mantener el equilibrio económico.

Pero la fijación de tarifas se convirtió en un campo de batalla político.

El Congelamiento de Facto

Durante el periodo comprendido entre 2005 y 2017, las tarifas sufrieron un congelamiento prolongado. El MOPT y la ARESEP se vieron inmersos en disputas sobre la metodología aplicable, y los gobiernos de turno, temerosos del costo político de autorizar aumentos impopulares, postergaron sistemáticamente las actualizaciones.

Riteve sostuvo durante años que este congelamiento rompía el equilibrio económico-financiero del contrato, obligándoles a operar con márgenes reducidos. La empresa argumentó que la falta de ajuste constituía un incumplimiento contractual grave por parte de la administración concedente.

Esta tensión acumuló reclamos administrativos que eventualmente se transformarían en demandas judiciales contra el Estado costarricense. Lo que parecía un ahorro para los usuarios se convertiría, años después, en un costo diferido con consecuencias importantes.

Veinte Años Después: El Fin de una Era

Cuando los Contratos Tienen Fecha de Vencimiento

El contrato de concesión por diez años, prorrogado una vez por un periodo igual, tenía como fecha de vencimiento fatal el 15 de julio de 2022. Exactamente dos décadas después de haber comenzado.

La administración del presidente Rodrigo Chaves Robles, que asumió el poder en mayo de 2022, adoptó una postura firme respecto a la renovación del servicio. El gobierno enmarcó la salida de Riteve como una recuperación de la soberanía sobre los bienes públicos y una oportunidad para transformar el modelo.

El presidente criticó la «opacidad» de las negociaciones pasadas y señaló que la Contraloría General de la República había exigido desde hacía años una licitación competitiva que el MOPT no había ejecutado. La narrativa oficial sostenía que, al finalizar el periodo, los activos debían pasar a manos del Estado.

La Donación Histórica

El 15 de julio de 2022, en un acto notarial realizado en la Procuraduría General de la República, representantes de Riteve SyC firmaron las escrituras de donación.

El modelo BOT (Build, Operate, Transfer) —Construir, Operar y Transferir— se cumplía al pie de la letra. Todo pasaba al Estado:

  • Las trece estaciones de inspección
  • Los terrenos donde estaban construidas
  • Los edificios e instalaciones
  • La totalidad del equipo técnico
  • Las líneas de inspección completas
  • Computadoras y software base

Costa Rica se convirtió en propietaria de una red de inspección vehicular moderna. Infraestructura que los usuarios costarricenses habían financiado a través de sus tarifas durante veinte años.

Una Transición Complicada

Sin embargo, la ejecución física de la entrega estuvo marcada por dificultades. El ministro del MOPT, Luis Amador, describió la recepción de las sedes como compleja, con obstáculos para acceder a llaves, claves y sistemas en el momento de la transferencia.

Aunque la empresa afirmó haber cumplido con todos los protocolos de entrega y cierre de ciclo, expresando «gratitud» por los veinte años de operación, la relación terminó en un ambiente de desconfianza mutua y recriminaciones sobre el estado de los activos y la colaboración en la transición.

El Vacío que Nadie Previó

La decisión de no prorrogar el contrato sin tener listo al sucesor generó un vacío de servicio sin precedentes.

Desde el 15 de julio hasta finales de octubre de 2022, Costa Rica no tuvo operador de revisión técnica vehicular. El país entró en un limbo que nadie había anticipado adecuadamente.

¿Recuerda cuando WhatsApp se cayó por horas y todo el mundo entró en pánico porque nadie sabía cómo comunicarse? Multiplique esa sensación por semanas. Así se sintió el vacío de la revisión técnica: un servicio que se daba por sentado, que funcionaba aunque se criticara, de pronto no estaba.

El gobierno tuvo que emitir decretos de amnistía para los vehículos cuyas placas vencían en ese lapso. La incertidumbre jurídica era significativa: ¿valía el seguro si no se tenía revisión técnica al día? ¿Era legal circular? Las preguntas se acumulaban mientras las autoridades buscaban soluciones de emergencia.

La falta de previsión de administraciones anteriores para preparar la licitación a tiempo fue duramente criticada. Las nuevas autoridades tuvieron que improvisar soluciones que nadie había planificado.

De Riteve a Applus+: La Evolución Corporativa

Ya No Es la Misma Empresa de 2002

Es fundamental entender que la entidad que hoy participa en licitaciones y procesos legales no es exactamente la misma empresa local que ganó el concurso en 1999.

En 2017, el gigante global de inspección Applus+ adquirió una participación mayoritaria —y posteriormente total— en Inversiones Finisterre, la sociedad matriz de Riteve SyC.

¿Quién es Applus+?

Applus+ es una multinacional con sede en España, cotizada en bolsa, con operaciones en más de setenta países alrededor del mundo. Es líder global en el sector de inspección técnica reglamentaria, con décadas de experiencia en mercados europeos, americanos y asiáticos.

La adquisición de Riteve fue parte de su estrategia de expansión en Latinoamérica. Costa Rica representaba un mercado consolidado con infraestructura moderna ya construida y operando.

La Nueva Identidad

Al presentarse a las licitaciones recientes, la empresa lo hace como «Consorcio Applus CR». Esta identidad combina dos fortalezas complementarias:

  • El conocimiento local acumulado por Riteve durante veinte años de operación en territorio costarricense
  • La solvencia financiera y capacidad técnica de una matriz global con recursos prácticamente ilimitados

Esta transformación corporativa tiene implicaciones importantes para el futuro de la inspección vehicular en Costa Rica. Y refleja una tendencia global: empresas locales que nacen resolviendo problemas específicos de su país terminan siendo parte de redes internacionales.

Es un poco como lo que sucede con la tecnología: durante años dependimos de aplicaciones extranjeras para comunicarnos, hasta que surgieron alternativas propias como ticoneXion. La diferencia es que en el caso de Riteve, el camino fue inverso: lo local fue absorbido por lo global. En comunicaciones, los ticos estamos recuperando ese espacio con soluciones hechas para nosotros.

La Batalla Legal que Cambió las Reglas

Riteve No Se Fue del Todo

Lejos de desaparecer del panorama costarricense tras su salida operativa, Riteve —bajo el paraguas de Applus+— inició una ofensiva legal para proteger sus intereses, demostrando una resiliencia corporativa notable.

El litigio iniciado en 2016 por la falta de ajustes tarifarios llegó a su desenlace en 2025. El Tribunal Contencioso Administrativo emitió una sentencia condenatoria contra el Estado costarricense.

El Fallo Histórico

La sentencia reconoció que el Estado provocó un desequilibrio financiero al no aplicar la metodología tarifaria correcta durante años. El tribunal determinó que hubo incumplimiento contractual por parte de la administración concedente.

Las implicaciones son profundas y establecen un precedente importante:

Para el Estado: La sentencia confirma que los compromisos contractuales en concesiones de servicios públicos deben respetarse, independientemente de las presiones políticas del momento. Los «ahorros» derivados de congelar tarifas no son gratuitos: generan obligaciones futuras.

Para Riteve/Applus+: La empresa queda posicionada como un actor con derechos reconocidos judicialmente, lo que fortalece su posición en cualquier negociación o proceso futuro.

Para los usuarios: Lo que durante años pareció un beneficio —tarifas que no subían— resultó ser un costo diferido que eventualmente asume el contribuyente de una forma u otra.

Los Intentos de Definir el Futuro

El Proceso de Licitación que No Prosperó

En su intento por normalizar el servicio a largo plazo, el Consejo de Seguridad Vial lanzó en 2023 una licitación mayor para precalificar a los futuros operadores de una concesión por diez años.

Se presentaron múltiples oferentes internacionales, incluyendo el Consorcio Applus CR (Riteve) y el consorcio TÜV Rheinland, otro gigante europeo de la inspección técnica.

Sorpresas en la Evaluación

Durante la evaluación financiera, la Contraloría General de la República y el Cosevi detectaron inconsistencias en algunas ofertas. El proceso reveló las complejidades de atraer operadores internacionales que cumplan simultáneamente con todos los requisitos técnicos y financieros del cartel.

Al final del proceso de precalificación, Applus CR (Riteve) quedó entre las empresas habilitadas para continuar. Esto colocó al gobierno en una posición compleja: el proceso que ellos mismos habían diseñado estaba encaminándose hacia un resultado que implicaba el posible retorno de la empresa que había decidido no renovar.

La Decisión de Junio 2025: Empezar de Nuevo

Ante este escenario, en junio de 2025, el MOPT y la Junta Directiva de Cosevi tomaron una decisión administrativa radical.

Declararon que el proceso de precalificación «no dio los frutos esperados» y ordenaron anular todo lo actuado bajo el principio de interés público. Se anunció un «borrón y cuenta nueva», instruyendo el inicio de una licitación totalmente nueva desde cero.

Implicaciones de la Anulación

Esta maniobra tuvo varios efectos:

  • Evitó una adjudicación que podría haber resultado incómoda políticamente
  • Dio oportunidad a todos los interesados de participar nuevamente bajo nuevas reglas
  • Extendió la situación transitoria actual
  • Generó cuestionamientos sobre la seguridad jurídica de los procesos licitatorios

La decisión abrió debates sobre qué sucede cuando un proceso licitatorio se anula porque el resultado no es el esperado por quienes lo diseñaron.

El Presente y el Futuro

Dónde Estamos Hoy

El servicio continúa operando con la infraestructura que Riteve construyó durante dos décadas, ahora propiedad del Estado. La nueva licitación apenas comienza a estructurarse en el Sistema Integrado de Compras Públicas (SICOP) tras la anulación del proceso anterior.

Los requisitos técnicos y financieros que establece cualquier cartel de esta magnitud limitan naturalmente el campo de competidores. Solo los grandes jugadores globales del sector —empresas con presencia multinacional, experiencia comprobada y músculo financiero— tienen la capacidad real de participar en concursos de esta envergadura.

Las Puertas de Riteve Siguen Abiertas

Riteve, respaldada por Applus+, no tiene prohibida la entrada a Costa Rica. Todo lo contrario: ha participado activamente en cada proceso de licitación desde su salida operativa.

La empresa mantiene varias ventajas competitivas:

Conocimiento del mercado: Veinte años operando en Costa Rica generaron un entendimiento profundo de las particularidades del parque automotor costarricense, las condiciones geográficas, los patrones de demanda y las expectativas de los usuarios.

Infraestructura que ellos diseñaron: Las estaciones que hoy opera el Estado fueron concebidas, construidas y equipadas por Riteve. Conocen cada detalle de esas instalaciones.

Respaldo corporativo global: Applus+ proporciona recursos financieros y técnicos que pocas empresas pueden igualar.

Posición legal fortalecida: Los fallos judiciales a su favor demuestran que la empresa sabe defender sus derechos en el sistema legal costarricense.

¿Volverá Riteve?

El resultado de la próxima licitación determinará si los costarricenses volveremos a ver el nombre de Riteve en las estaciones de inspección que la empresa construyó hace más de dos décadas.

No es un escenario improbable. De hecho, dadas las condiciones del mercado y las características de los posibles competidores, Riteve/Applus CR tiene posibilidades reales y concretas de regresar a operar el servicio.

La historia de la RTV en Costa Rica podría dar un giro inesperado: la empresa que se fue en 2022 podría ser la misma que regrese a administrar el sistema en los próximos años.

¿Cómo Hemos Cambiado como país?

Vale la pena detenerse un momento a reflexionar.

Cuando Riteve comenzó operaciones en 2002, la mayoría de costarricenses no tenía celular. Los que sí, enviaban mensajes de texto de 160 caracteres que tardaban en llegar y carecian de capacidades multimedia. Coordinar una cita en la revisión técnica implicaba llamadas a teléfonos fijos o hacer filas presenciales para agendar.

Hoy nos comunicamos instantáneamente. Enviamos fotos, videos, notas de voz desde cualquier lugar.  Y lo más importante: ya no dependemos solo de aplicaciones extranjeras. Tenemos nuestra propia app de mensajería costarricense, ticoneXion, diseñada para nosotros, pensada desde nuestra realidad.

Los carros también evolucionaron. En 2002, prácticamente toda la flota vehicular era de combustión interna tradicional. Hoy se ven vehículos eléctricos e híbridos circulando por las mismas calles donde antes solo había motores de gasolina y diésel. Los sistemas de diagnóstico a bordo de un carro moderno son más sofisticados que las computadoras que se usaban para trabajar hace dos décadas.

Una Transformación Cultural

La revisión técnica vehicular tuvo que adaptarse a todo esto. Pero más importante aún: nos adaptó a nosotros.

Del caos de los talleres donde todo se arreglaba «con una hablada», pasamos al orden de las líneas automatizadas donde los sensores no aceptan excusas. De las inspecciones a ojo donde el criterio era subjetivo, llegamos a mediciones precisas que no admiten interpretaciones.

De un país que ignoraba el estado real de su flota vehicular, nos convertimos en uno que tiene datos concretos sobre cada vehículo que circula por sus carreteras.

La Soberanía Tecnológica

Hay algo que conecta la historia de la RTV con otros aspectos de nuestra vida diaria: la importancia de tener soluciones propias.

Durante años, Costa Rica dependió de operadores extranjeros para servicios esenciales. No está mal —trajeron tecnología y experiencia que no teníamos—, pero siempre queda la pregunta: ¿podemos hacerlo nosotros?

En comunicaciones, la respuesta está empezando a ser «sí». Aplicaciones como ticoneXion demuestran que los costarricenses podemos crear tecnología de clase mundial para nuestras propias necesidades. Mensajería instantánea, segura, pensada desde y para Costa Rica.

En inspección vehicular, la infraestructura ya es nuestra. El siguiente paso es definir quién la opera y bajo qué condiciones. Sea Riteve, sea otro operador, las estaciones pertenecen al país.

Más que un Trámite

Hoy, cuando alguien lleva su carro a la revisión técnica, está participando en un sistema que tardó décadas en construirse. Un sistema que pasó por fracasos como el Ecomarchamo, por transformaciones radicales como la llegada de Riteve, por conflictos legales y políticos, por transiciones complicadas.

Cada vez que un sensor mide las emisiones de un vehículo o un frenómetro evalúa la capacidad de frenado, se es parte de una historia que comenzó cuando Costa Rica decidió que ya no podía seguir ignorando el estado de sus carreteras.

El Siguiente Capítulo

La historia de la RTV en Costa Rica es, en el fondo, la historia de un país que maduró. Con tropiezos, conflictos y decisiones controvertidas, pero que al final logró algo que parecía imposible en los años ochenta: poner orden donde reinaba el caos.

El siguiente capítulo está por escribirse. Quién operará las estaciones, bajo qué condiciones, con qué reglas. Si Riteve regresará o si otro actor tomará su lugar. Todo eso se definirá en los próximos años.

Lo que es seguro es que la infraestructura existe, la cultura de mantenimiento vehicular se ha arraigado en los costarricenses, y el país no volverá a los tiempos donde revisar un carro era un trámite de papel y buena voluntad.

Así como ya no se vuelve a los tiempos de esperar días por una carta cuando se puede enviar un mensaje instantáneo por ticoneXion, tampoco se volverá a los tiempos donde nadie sabía si los frenos de un carro realmente funcionaban.

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