ticoneXion, la aplicación de mensajería exclusiva para costarricenses disponible en App Store y Play Store por un pago único de $2.99 USD, cerró su segunda semana de operaciones con una lección que ningún manual de emprendimiento puede enseñar: el valor incalculable de un usuario que se toma el tiempo de escribir para decir que algo no funciona.

La semana pasada hablamos de resistencia, de esa terquedad necesaria para lanzar algo propio en un mercado dominado por gigantes. Esta semana descubrimos su complemento indispensable: la humildad de escuchar.

Hay algo profundamente humano en el acto de reportar un error. Alguien descargó la aplicación, la exploró, encontró un problema, y en lugar de simplemente desinstalarla —como haría la mayoría con cualquier app gratuita— decidió invertir minutos de su vida en escribirnos. Ese gesto, aparentemente pequeño, contiene una verdad enorme: hay costarricenses que quieren que esto funcione.

Un enlace que no se podía presionar y la filosofía que nació de corregirlo

A inicios de esta semana llegó el reporte. Los enlaces compartidos dentro de los chats no respondían al toque. Un detalle que escapó a meses de pruebas internas, invisible hasta que ojos frescos lo encontraron.

En el universo de las grandes plataformas tecnológicas, un bug así entraría en una cola de prioridades, pasaría por comités de evaluación, esperaría su turno entre cientos de tickets similares. Semanas, quizás meses. El usuario que lo reportó probablemente nunca sabría si alguien lo leyó.

En ticoneXion, la corrección se publicó en horas.

Pero algo más importante que la velocidad ocurrió durante ese proceso de corrección. Al implementar la solución, el equipo de desarrollo se detuvo a preguntarse algo que trasciende lo técnico: ¿qué significa realmente proteger a un usuario cuando presiona un enlace?

La respuesta convencional es simple: que el enlace funcione, que lleve a donde promete llevar. Pero la respuesta que ticoneXion eligió es diferente.

A partir de esta semana, cada enlace dentro de la aplicación activa primero un diálogo de confirmación. El usuario ve la dirección completa a donde será dirigido. Tiene un momento —apenas un segundo— para decidir si realmente quiere abandonar el espacio seguro de ticoneXion hacia un sitio externo que podría ser legítimo o podría ser una trampa de phishing disfrazada de oportunidad.

Es fricción intencional. Es un segundo de pausa en un mundo diseñado para eliminar toda pausa. Y es exactamente el tipo de decisión que no aparecerá en ninguna lista de «características innovadoras», pero que define silenciosamente qué clase de plataforma estamos construyendo.

La conversación sobre el valor de nuestra huella digital llegó a nuevos espacios

Esta semana, El Mundo CR publicó un análisis que puso en palabras una inquietud que muchos costarricenses intuyen pero pocos articulan: nuestra huella digital tiene un valor económico real, concreto, medible. Y ese valor —como el oro que una vez fluyó de estas tierras hacia imperios lejanos— se extrae diariamente sin que la mayoría sepa que está ocurriendo.

La nota no fue un publirreportaje disfrazado ni un elogio vacío. Fue una exploración seria de por qué importa dónde residen nuestros datos, quién los procesa, bajo qué jurisdicción operan las plataformas que usamos para nuestras conversaciones más íntimas. ticoneXion apareció como una posible respuesta —imperfecta, naciente, pero real— a preguntas que el país apenas comienza a hacerse.

Simultáneamente, la aplicación dio sus primeros pasos en TikTok. El video de presentación alcanzó a cientos de miles de costarricenses en cuestión de días. Pero las métricas contaron solo una parte de la historia. Entre los comentarios se acumularon trolls, cuentas falsas, ruido digital del tipo que cualquiera que haya pasado tiempo en redes sociales conoce demasiado bien.

Y ahí, en esa sección de comentarios caótica, apareció una validación inesperada del problema que ticoneXion intenta resolver. Las mismas plataformas que prometen conectarnos nos ahogan en ruido. El «alcance masivo» se traduce en interacciones vacías. La viralidad se confunde con relevancia.

ticoneXion no aspira a la viralidad. Aspira a algo más modesto y más difícil: conexiones reales entre personas reales. Cada usuario verificado con su número +506. Cada conversación entre costarricenses que eligieron estar ahí. Sin trolls. Sin bots. Sin el ruido constante que hemos normalizado como precio inevitable de la comunicación digital.

El privilegio de construir algo junto a quienes lo usan

Hay una diferencia fundamental entre desarrollar un producto para usuarios y desarrollar un producto con usuarios. La primera es la norma de la industria tecnológica: equipos brillantes en oficinas lejanas imaginan lo que millones de personas anónimas podrían necesitar. La segunda es más lenta, más caótica, infinitamente más humilde.

ticoneXion eligió el segundo camino

Cada reporte de error es una conversación. Cada sugerencia es una ventana a cómo alguien real, con una vida real, intenta usar esta herramienta en su cotidianidad. No hay focus groups con espejos de una vía ni encuestas diseñadas para confirmar hipótesis preexistentes. Hay mensajes de personas que se tomaron el tiempo de escribir, y un equipo que se toma el tiempo de leer, responder, y actuar.

A quienes reportaron el problema de los enlaces, aunque nunca sabrán que estas líneas son en parte para ustedes: gracias. No solo por el bug corregido, sino por recordarnos que no estamos solos en esto.

Seguiremos aquí. Veremos qué trae la tercera semana en esta historia que construimos todos.

Acerca de ticoneXion

ticoneXion es la primera aplicación de mensajería instantánea diseñada exclusivamente para el mercado costarricense.